domingo, 4 de marzo de 2012

UNO

Piedad es una palabra poco comprendida por unos y maltratada por muchos, complicada eso si. Y como muchas otras palabras, hoy en día, suena a vieja. Por lo que se reemplazada por otras que sentimos más cercanas, que creemos más modernas. Como solidaridad, que es moderna y está de moda. Es perfecta. Y es que piedad nos suena cercana a las cosas de la religión y como otras palabras cercanas a la religión, nos parece trasnochada (otras muchas cosas de la religión están trasnochadas). Como las peleas entre moral y ética. Pero a mi me gusta la palabra piedad y algunos de sus sinónimos: conmiseración y lástima. Estas palabras tampoco gustan mucho, y son escondidas una y otra vez tras solidaridad. Aunque sea lo mismo. Y es que a mi me gusta más piedad porque está más cercana al corazón, más profundamente hundida en nuestros genes. La piedad no puede ser racionalizada cosa que la solidaridad si. Se siente piedad o no, no es justa o injusta, como lo es la solidaridad. No tengo nada en contra de solidaridad y menos aún lo que representa, pero me parece más vacía, aunque no estén vacíos los sentimientos de los que la practican.

¿Pero por que estoy hablando tanto de esta palabra, de sus significados y sinónimos, porque estáis leyendo algo que parece más cercano a una clase de lingüística? Hablamos de la piedad porque de esto trata toda esta historia, una historia sobre un hombre que siente piedad, una historia sobre el ser humano. Piedad es lo que sentía esta persona y piedad es lo que nos hace humanos. Junto al habla. Piedad y lastima y conmiseración y, claro está, solidaridad. Piedad y lastima por los demás, pero por todos los demás, piedad que le hace humano. Aquí tenéis más de la mitad de la historia. Ahora, falta por descubrir ese otra casi mitad, que produce piedad, quién es ese hombre y que le ocurre, como empieza su historia y como acaba, si acaba. Y sí, este es un buen momento para dejar de leer este libro, porque si alguien os pregunta de qué va, estaréis en lo cierto en decir: de la piedad. Cierto y legítimo. Todos sabemos de qué van un montón de libros y no los hemos leído. Hablamos de ellos, de sus personajes, discutimos sobre la historia, incluso sobre el final, pero no los hemos leído. Don Quijote, La Biblia, La Constitución, y tantos otros. Pero no los hemos leído. No, este libro no es un Don Quijote, más quisiera yo, que por cierto no he leído ni la Biblia, ni la constitución y ni el Quijote, pero puedo hablar de ellos, incluso con cierto conocimiento.

Piedad de nuevo. La piedad nos hace humanos, no nos rebaja. Piedad no es sólo la limosnas que se dan a la entrada de una iglesia o en cualquier calle, aunque también lo sea. Piedad es sentir lástima por el sufrimiento del otro. Y ya se que esto, hoy en día, no suena muy bien. Sentir lástima por otra persona. Pero, os aseguro, es un de los sentimientos que nos hacen más humanos. Sentimos piedad o lástima cuando vemos sufrimiento, incluso si no es cercano a nosotros. Sentimos piedad, claro está, cuando vemos a alguien tirado en la calle pidiendo limosna, aunque a muchos se nos pase por la cabeza lo de “podría estar trabajando”. Claro, quizás podría, pero en algún rinconcito sentimos lástima por esa persona, si creemos que está sufriendo. Sentimos piedad por los que pasan hambre, por los que sufren por las guerras o los desastres naturales, por algún conocido al que se le ha muerto alguien querido y hasta sentimos lástima por nosotros mismos, aunque en ninguno de estos casos hagamos nada, queramos o no. No importa ahora eso, lo importante es que sentimos algo, y ese algo es la piedad. Bravo por ella.

Esta es la historia de un hombre que siente piedad y que se siente humano. Y así es como transcurre esta historia, desde el principio hasta..bueno, hasta donde sea.

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